Vamos a entrar en un nuevo tema tabú: ¿Debemos de amar la soledad y disfrutarla o se nos impone amarla y disfrutarla?

No es lo mismo querer que imponer

Me voy a permitir lanzar mi idea de lo que es la soledad en estos tiempos:

Los psicólogos intentamos convencer a nuestros pacientes que hay que disfrutar de la soledad, que debe de conectar consigo mismo, conocerse, permitirse ese momento de paz y de serenidad. ¿Cómo es posible que una persona que viene tras una ruptura y sus consecuencias no disfrute de esa nueva etapa (y soledad)? Le enseñamos a amar ese nuevo cambio que debe de vivir, quizás porque ha tomado esa decisión o quizás porque se la han impuesto. Sea el motivo que sea, le enseñamos a que aprecie la oportunidad de estar solo/a. ¿Estamos siendo sinceros? No es lo mismo una persona que sufre de ansiedad y/o distrés laboral que una persona que sufre una depresión. No es lo mismo una persona que sufre una ruptura amorosa o social que una persona que necesita reorganizar su vida. No es lo mismo por mucho que insistamos los psicólogos en que la soledad, sea del tipo que sea, se debe de apreciar y amar.

Si miramos nuestra historia, nuestra evolución, nuestros pasos en los tiempos desde que la humanidad es humanidad, hemos experimentado un cambio substancial en cuanto relaciones sociales. Somos sociales de forma innata y esa idea no se nos quitará jamás, por mucho que cambien los tiempos. Pero hoy me voy a permitir el lujo de romper esa idea:

Hemos sido sociales y durante muchísimos años, décadas y siglos, hemos priorizado las relaciones sociales. Pero los tiempos cambian, el distrés ha llegado a nuestras vidas para quedarse, las redes sociales modulan la forma de conectar entre nosotros, el desarrollo del ser humano está cambiando pues si la etapa de la adolescencia se caracterizaba como una etapa egocéntrica, ahora la etapa adulta sigue siendo egocéntrica… y la soledad ha llegado para instaurarse, para quedarse.

Son muchas (o no tantas) las personas que no comprenden como las relaciones sociales han cambiado. El paciente llega a la consulta angustiado, depresivo, sin respuestas a preguntas que hace un tiempo tenían respuestas y ahora si la tiene, no se acepta. Nació el Whatssap para romper con la cercanía de la llamada, el tono de voz de la persona, un “qué tal estás?” por un whatssap que sustituye la voz real, pero es que además, también sustituye el ver a la persona. Estamos tareados, con muchos quehaceres, ocupados, sin tiempo. Nos hemos vuelto adictos al trabajo y al egoísmo de mirarnos el ombligo. Nos acordamos de un aniversario porque Facebook nos lo recuerda. Ya no tenemos la obligación de memorizar la fecha del aniversario de un buen amigo e incluso las parejas ya no tienen la obligación de acordarse del aniversario de su matrimonio. Tampoco tenemos ya la obligación de recordar el teléfono de un amigo, si nuestro móvil lo graba y te permite no trabajar la memoria, esa memoria que selecciona lo relevante de tu vida.

Cambia la forma de conocer a las personas

Hace algunos años conocíamos a las personas por las actividades que hacíamos en nuestra vida cotidiana y laboral. Íbamos al gimnasio y allí se formaba una nueva amistad o una nueva pareja. Íbamos a tomar un café y allí se iniciaba una conversación de lo más natural. Las chicas y chicos jóvenes íbamos a discotecas, bares de copas, billares, bolos… a conocer el amor de nuestra vida o una amistad inseparable. Si teníamos una afición, nos informábamos donde acudir para desarrollarla y compartir nuestra pasión con otras persones afines. Y…. Y podría seguir poniendo ejemplos pero quiero centrarme en lo que realmente me interesa:

Llega a consulta una persona que se encuentra sola y ante esa soledad, le decimos que vaya al gimnasio que allí conocerá gente pero ups! Nos hemos olvidado que la sociedad ha cambiado y dentro de su egocentrismo, encontramos personas en el gimnasio, sí, pero haciéndose selfies, mirando Facebook o whatssapeando mientras corre (o camina) en la cinta, sin darse cuenta de su entorno.

¿Necesita encontrar el amor de su vida? ¿Cómo no se le ha ocurrido utilizar Tinder? Esa aplicación que te ayuda a encontrar a tu media naranja. Ese escaparate de seres humanos que se venden, resaltan sus cualidades y obvian sus defectos.

¿Y practicar una afición? Solo hay que entrar en Facebook y añadirse en un grupo afín a tu afición. No tienes que preguntar a nadie más. Desde tu soledad y desde tu ordenador de última generación, con un solo click puedes entrar en cualquier grupo que sea afín a tus intereses personales.

¿Y qué me dices de esa falta de amigos? Entra en amigosbarcelona.com o amigasbarcelona.com y allí podrás buscar amigos. ¿Para qué hacerlo de otro modo si desde tu ordenador y tu soledad y con tu pijama, puedes conocer gente de forma aséptica?

¿Y por qué seguimos sintiéndonos solos?

Siguiendo con mi diálogo interno y de pensamientos, apuesto a por el mal uso que hacemos de las nuevas tecnologías o mejor dicho, de las tecnologías que muy nuevas ya no son. Somos capaces de tener 500 personas en nuestra cartera de amigos y no hablarte más que con 2. Somos capaces de entrar en mil grupos y acabar enfadados porque han mal interpretado nuestra escritura (curioso que nos ofenda cuando sabemos que estamos perdiendo información de la comunicación no verbal). Nos ofende formar parte del escaparate de Tinder, como si de un producto en venta fuésemos y nos deban de valorar por la envoltura.

Vamos en transporte público y de 40 personas de un mismo vagón, solo 1 o 2 está sin los ojos pegados al móvil.

Hemos dejado de potenciar las relaciones sociales, ya no somos tan sociales como lo éramos. Ahora somos simplemente seres humanos egocéntricos, que centramos nuestros intereses en nuestras necesidades consumidoras, ya ni tan siquiera primitivas, porque esas necesidades primitivas entraría el sexo, la alimentación y la procreación, que en muchas ocasiones están renegadas por otras. Ahora nos conformamos con ir al trabajo con el móvil y nuestro perfil de Facebook actualizado, nuestras fotos de Instagram con una calidad sublime y con una fotografía en Tinder que lleve a la confusión al pretendiente que nos conozca porque no nos parecemos en absoluto a la manipulación de dicha fotografía. Y si mientras discutes en un foro y alguna persona te increpa, solo debes de bloquear y a seguir… en tu soledad más absoluta.

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