Hace mucho mucho tiempo que no he podido escribir ni una sola línea en este querido blog. No ha sido por falta de ganas, mas bien diría de tiempo. Pero este año, sin hacer falsas promesas, le dedicaré un ratito una vez por semana para seguir hablando de algo que tanto me apasiona, la psicología. Por ello, vamos a empezar a hablar de la felicidad, qué tanto necesitamos alcanzar después de lo vivido.

La felicidad por Sonja Lyubomirsky

Llevo algún tiempo estudiando este concepto y buscando y buscando de muchos psicólogos investigadores de la felicidad, he dado con una de las psicólogas y doctoras más prestigiosas de estos tiempos, Sonja Lyubomirsky.

Sus investigaciones nos acerca a entender el proceso de la felicidad, las falsas creencias que tenemos sobre ella y qué hacemos para intentar rozarla, aunque sea con la llama de nuestros dedos.

Os adjunto un interesante vídeo de Sonja hablando sobre esta terminología, ofreciéndonos un punto interesante pues uno de los fundamentos esenciales para alcanzar la felicidad, es darle sentido, darle significado y una vez que encontremos nuestro significado de la felicidad, podremos caminar para poder llegar a saborearla.

La misma doctora, nos menciona uno de los «pecados» más dañinos para nuestra felicidad: la envidia.

Superación y envidia

Es bien sabido que para muchas personas, lograr la felicidad pasa por la necesidad de ser mejor en muchos aspectos de su vida: ser más guapo, tener más dinero, tener mejor trabajo, mejores estudios universitarios y un largo etcétera. La realidad es que esa superioridad viene concebida desde nuestra infancia y desde las personas más importantes que deben de velar por nuestro futuro emocional: los profesores.

Sin darse cuenta, los docentes comparan sin voluntad, a niños a corta edad. A pesar de que socialmente podemos avanzar, en términos educativos seguimos anclados a años pasados. Se estima que un niño tiene buen pronóstico en su futuro si es un niño quieto y un niño con buenas notas. Se olvida la posibilidad de las inteligencias múltiples y como éstas pueden hacer que un niño en su etapa adulta, pueda trabajar en algo que se le dé bien y que además, le haga sentir feliz. Por ello, y sin querer culpabilizar a los profesores, desde bien pequeños los niños son comparados con sus compañeros pero no podemos obviar que los padres también tiene parte de responsabilidad.

Los padres compiten consciente o inconscientemente, con otros padres. Sus niños tienen que ser los mejores estudiando, los mejores practicando deporte, los mejores pintando, los mejores en prácticamente todo. Y a esos niños se les educa desde la base de «para ser feliz, debes de ser superior los demás».

Años tras años, el ser humano se va desarrollando con esa convicción errónea y permitimos que siga ocurriendo en generaciones posteriores.

Sonja Lyubomirsky en sus diferentes libros, habla justamente de ese concepto, la superioridad, superioridad que lleva a la envidia, afirmando la siguiente frase:

No puede ser envidioso y feliz al mismo tiempo.

 

Si queréis conocer un poquito más de esta doctora, aquí os dejo un enlace:

http://fseneca.es/entrecientificas/es/sonja-lyubomirsky

Ninguna respuesta.

¡Deja tu respuesta!