Cada día más noticias devastadoras: animales, niños y ancianos maltratados; mujeres asesinadas en las manos de sus parejas; familias y amigos que hacen daño conscientemente. ¿Qué nos está pasando?

Pidiendo en el metro

sadness-1546812Los psicólogos cada vez tenemos más trabajo, no solo atendiendo a los pacientes en consulta, si no estudiando qué le está pasando a esta sociedad que cada día es menos humana.

Hace un par de semana ocurrió algo que podría clasificarse como estudio sociológico. Mi marido y yo estábamos en el metro, dirección Barcelona, para asistir a un evento. En un momento dado escucho la voz de una mujer pidiendo dinero. Al mirarla me di cuenta de quién era. Una amiga de la adolescencia que pedía con amargura dinero para sus dos hijos. Nadie la miraba. Todos mirando su móvil, entretenidos y haciendo oídos sordos. Yo la iba escuchando, doliéndome cada palabra que salía de una voz quebrada, ni tan siquiera era capaz de mirar al frente, lloraba y se angustiaba a cada palabra que emitía. Cogí mi bolso para coger un billete y dárselo. No podía hacer más. En cierto momento me preguntaba a mí misma si esa situación la pondría a ella en un compromiso, si le haría sentir mal, avergonzada, humillada… Pero solo pude coger mi billete, me levanté y la abracé, dándole el billete a escondidas. La pobre al verme se  derrumbó aún más. Lloraba con más fuerzas y entre lágrimas me explicaba lo que había pasado: un hombre que los había abandonado, a ella y a sus dos hijos.

Esa situación llamó la atención a todo el vagón. Por fin dejaron de mirar sus móviles y se centraron en la escena. Cogieron sus bolsos y carteras, y como un acto reflejo o un remordimiento azotado por la culpabilidad, le dieron unas monedas. Al despedirme de ella, un chico se acercó y me dio las gracias, afirmando que él se vio así hace tiempo.

Puedo decir y lo puedo decir en mayúsculas, que aquella situación me dejó mal, que no era un día de aquellos en los que das unas monedas a una persona necesitada. Recuerdo hace algunos años, estando en el  desempleo, que mi cabeza me pedía dar a los que necesitaban más que yo. Ver a alguien pedir me remueve, me angustia, me hace sentir dolor. Y recuerdo en aquella época que siempre que les daba algo, lo hacía con el pensamiento de que ellos no tenían nada para llevarse a la boca y que yo, como mínimo, tenía un ingreso del desempleo. Aquella etapa hizo que desde entonces, siempre que viese a alguien, independientemente de mi situación laboral y personal, le daría unas monedas.  Me sentía en deuda. Y os preguntaréis de qué estaba en deuda. Pues de una sociedad deshumanizada y consumista.

Como psicóloga intento entender qué nos está pasando, una deshumanización que cada vez es más característica del ser humano (válgame la redundancia). Busco teorías que expliquen lo que nos está pasando. Porqué somos incapaces de empatizar con el dolor ajeno, porqué se les hace daño a niños, animales y ancianos, porqué dejamos que gente que nos importaba ahora sufran… Y todo me lleva a una conclusión: supervivencia y maldad. Es como si el dolor nos volviera vulnerables y delante de eso, es mejor crear insensibilidad para de ese modo, vivir sin sufrir. ¿Pero es necesario herir a los más débiles? Aquí es donde me replanteo si la sociedad se ha vuelto enferma. Intentamos diferenciar entre personas enfermas y personas malas, pero llega un momento en que esa diferenciación cada vez es más débil, más difícil de defender.

Y me pregunto: ¿Sociedad enferma o sociedad malvada?

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